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EL AUTOBÚS 538
en La Red


Título de la entrada: SOBRE ESTE LIBRO            
Fecha de publicación: 23/01/2010            
Lugar de publicación: BLOGGER            


PRÓLOGO
a cargo de
Emilio Porta
Emilio Porta


     Afrontar la lectura de un libro requiere siempre una actitud en función de lo que se sabe del autor y de lo que se espera del mismo. Parece algo obvio, pero con­viene recordarlo al enfrentarnos con “El autobús 538”, una novela que lo es tal y como la concebimos en la actualidad: no sólo narración, sino conjunto, mezcla de géneros, ideas, y proposiciones.
     Santiago Solano es un escritor singular. Su producción narrativa anterior le ha ido situando en un lu­gar de privilegio, no tanto en el masificado panorama de la edición, como en el de la crítica culta, del lector exigente. Leer a Santiago es leer a un autor que conoce la Historia, pero no la plagia, que conoce la es­tructura y estilo de composición narrativo clásico y es capaz de emplearlos unas veces y romperlos en otras, siempre en la idea de superación literaria constante que avala toda su obra.
     Hace tiempo que Santiago Solano debería ocupar un lugar acreditado en la creación literaria española; pero el brillo de su narrativa queda oscurecido siempre por la exagerada y no pocas veces tendenciosa propaganda de las grandes empresas editoriales. Santiago no es de esos escritores de pilas de libros en los escaparates. Y debiera serlo si la calidad fuera el criterio que primara en la comercialización. Sin embargo, para ello habría que eliminar el “dámelo fácil y voluminoso” que impera en la actualidad en las ventas.
     Es este autobús, “El autobús 538”, metáfora de la vida. De esta vida en la que los viajeros somos todos, no sólo los arquetipos que el autor propone. Partamos de una frase del autor para llegar al todo: “En esa zona en que la luz empieza a ser un recuerdo…”. Es la frase de la novela que mejor define la sensación que ha dejado en mí la lectura de este libro distinto, radicalmente distinto, a la mayoría de las obras que nos ofrece el panorama literario actual de nuestro país.
     “Escribo estas palabras desde de la derrota”, nos dice también el autor a través de una de sus voces narradoras, quizás la más próxima a él mismo. Parece que el escritor se superpusiera a los personajes y los hiciera suyos, abarcando no sólo la historia de los mismos, sino la Historia de todos los hombres, la Historia de la Humanidad. Porque el proceso de la vida es el paso por un camino que lleva, indefectiblemente, a la gran derrota, a contravenir el deseo de permanecer, de seguir y continuar. Digamos que éste es el principio que informa esta novela. Y lo hace desde el comienzo.
     En un escritor como del que nos ocupamos la postura ante la propia obra no es cosa baladí, muy al contrario. A él, acostumbrado a leer, en otros autobuses, todo tipo de obras, le toca ahora incorporar ese vehículo a través de la “metaforización” del mismo.
     La actitud lo es todo. Muchas veces he escuchado al autor decir que en la obra de un escritor lo fundamental es el trabajo. Pero él, como Pessoa, es un fingidor, finge que es trabajo lo que siempre es inspiración. Y en este discutidor-escritor tan sui generis, el concepto trabajo es como el aire. Expliquémoslo mejor: trabaja con tanta celeridad que cualquiera diría que todos sus libros estuvieran ya escritos en su cabeza. Algo de esto hay. Porque su cabeza es un planeta, qué digo, una galaxia, un conjunto de constelaciones. Y nada está quieto en su interior, todo pugna por salir.
     Son su voluntad y su juicio quienes lo retienen en su interior. A duras penas, pero lo retienen. Para no inundar las estancias de los compañeros, para no inundar su casa en la red, ni su barca viajera. Para no inundar su propia imaginación. Y ahí es donde entra mi divergencia con el escritor que ahora nos ofrece esta increíble novela. Él habla a veces de la dificultad de llenar la página en blanco. De la necesidad de arar profundo y de sol a sol. Pero ¿qué es eso de llenar la hoja en blanco? Si de eso se tratara, toda la mística (auto mística) generada por el necesario impulso creador quedaría en mero voluntarismo y en la aplicación de tres o cuatro reglas al escribir. Luego le pondríamos a la obra una trama curiosa, y a otra cosa.
     Pero Santiago Solano no aplica una formula y la repite. Él no es así. Ni lo es su concepto de la Literatura, ni de la vida. Qué suerte tiene, me digo yo a veces. Descubrió, desde muy joven, que la acumulación de carbón en cantidad no lo convertía, sin más, en diamantes. Y con ese concepto empezó su novela.
     Pasó el tiempo. Sólo había que esperar, saber esperar, poder esperar. Sabiendo que en el interior de la cabeza de los protagonistas, el propio autor estaba enviando continuamente órdenes para que nadie se escapara, para que nadie se independizara del proyecto. Un proyecto concebido como un todo unitario, con una trama concreta, pero, tan abierto al mismo tiempo, que nadie iba a pedir la más mínima explicación a las conductas. Hiperrealismo fantástico lo llamó una vez, en una conferencia, el propio autor.
     Veamos el comienzo, aunque luego, no se hagan ilusiones, nada se va a desvelar: “Lunes. Siempre lunes. Viernes, siempre viernes. Diario, siempre diario”. Y luego el autor va pasando desde esas estancias fijas, a ese autobús en movimiento, a ese salto mortal en el que los primeros personajes, Romeo Island y Evelina Varela, se encuentran permanentemente fuera de sus cuerpos y dentro de sus almas, mientras el escritor les pone en movimiento y les detiene a su antojo y necesidad, a la par de sus sueños. Y todo el pensamiento de esos personajes, todas sus reflexiones, viajan a través del aire de la Lite­ratura para pernoctar en las identidades creadas, que son ficticias, pero que son reales, porque todo suena a confesión, a deseo interior por cumplirse.
     Un deseo que nace de la decepción y la venganza nos dice el autor: “Escribo por necesidad y por venganza, en este tiempo de trabajo convertido en zona de introspección”. Y esa necesidad le lleva a escribir una novela que, desde el principio, nos fascina, porque sitúa al lector en los aledaños de si mismo y le va introduciendo poco a poco en su más genuino interior. Por asimilación, por ósmosis, lector y autor se van confundiendo en este “diario-novela-ensayo” que es una huida hacia adelante, pero también una redención.
     Sin desvelar el devenir de la intriga diremos que los personajes se corresponden con conceptos e ideas que siempre viajan con nosotros. Por ejemplo, Evelina, será la esperanza. La esperanza desde una realidad dura, pero que ella misma cree superable desde la fuerza interior, desde la positividad, y que se contrapone al escepticismo de Romeo, a su existencialismo amargo, que le lleva a confrontar con ella su rabia y su desilusión: “Escribo este diario desde la derrota, desde el resentimiento, desde el lado de los débiles. Estas palabras son sólo de desahogo; no tienen otro valor. Si acaso, la fuerza de la morbosidad de lo íntimo”. Y, sin embargo, el propio autor se embarca en la aventura de escribir por necesidad, por ver reflejada en el espejo su propia identidad, y, también y forzosamente, la identidad de sus sueños. Sólo, eso sí, lamenta no haberlo hecho antes, no haber sido lo suficientemente valiente para tomar la decisión de arrojar al abismo los pasos previos, el pretérito que le ató y le impidió dejar la huella más temprano.
     Pero la escritura es la sangre del autor. Y no puede detenerla. Es la sangre la que le pone en marcha y la que no va a dejar de reflejar la vida deseada hasta el final. Y ni aún entonces. “Made in Burujón”, el subtitulo, que es un poco paródico, como la famosa película de Berlanga, Bienvenido Mr. Marshall, que marcó una época del cine español de mediados del siglo XX. Hay, pues, desde ese mismo subtitulo y en todo el libro una amarga ironía de contrapuestos, como en esa primera elección de un personaje nacido en un pueblo de Toledo, una mujer casi ciega pero que ve con claridad la necesi­dad de avanzar, de vivir, y un hombre cuya perfecta vista sólo le da para mirar atrás hasta que encuentra, en el reflejo de Evelina, un camino que le lleva a salir de su escepticismo y confusión.
     Y en medio de esta constante huida que es el libro, de este, a la vez, inveterado y cotidiano regreso, Santiago Solano hace, en ocasiones y de forma salteada, un mosaico costumbrista desde fórmulas no usadas, descripciones fascinantes que enaltecerían a cualquier escritor clásico, pero con el atrevimiento de una cons­truc­ción novedosa e innovadora, llena de referencias li­tera­rias, geográficas, y también personales.
     Hay una pasmosa facilidad en la compleja escritura de esta novela, un salto cualitativo desde el barroquismo surrealista de alguna de sus obras anteriores, a esta espléndida escritura, clara y sugerente, pero llena de calidad, que conforman las más de doscientas cincuenta páginas de este libro. Llama también la atención esa mezcla de lo onírico con lo real. Esa extraordinaria forma de describir el mundo interior como si fuera un lugar exterior, en la mejor tradición de un Carroll en buena mezcla con un Kundera, que viene alentado por un dis­curso interior previo, a lo John Kennedy Toole, a la ma­nera de esa impresionante novela que es “La Conjura de los Necios”.
Hay que descubrir a Santiago Solano. Es un gran escritor. Un escritor que sabe de dónde viene, y que viene con referencias. Y un escritor que no sabe a dónde va a llegar: mala noticia la de aquel que lo sabe todo. Tal es la pluralidad de propuestas y de posibles vías de la ex­pansión de su Literatura, cuya muestra es este libro, esta novela, en la que se vislumbra la infinitud con creces.
     Hablar de reflexión desde la soledad hacia un mundo tan lleno… y, sin embargo, tan vacío. Sentir el escape, la huida de la mediocridad carcelera de la obligación a través de este alegato de libertad, de la necesidad de soñar, de acabar con la división de géneros y cla­sificaciones. “El Autobús 583” es, sin duda, un libro diferente. Un libro magistral, que invita a ser leído una y otra vez. Un libro libre de condicionamientos previos y fórmulas y que, sin embargo, es una demostración de oficio desde la primera a la última de sus líneas:
     “Vemos a los actores tomar posiciones. La música empieza a sonar, muy suave. El público se viste de pronto con el manto del silencio. Debo empezar a leer mi texto, pero no veo.”
     ¿Qué es realidad y qué es sueño, en esta novela? Cuando la Literatura acomoda la mente y sus previos, cuando nos permite reflexionar al unísono con el autor en un discurso múltiple y, al mismo tiempo, nos permite utilizar la obra como espejo y arranque de nuestras propias digresiones, supongo que podemos decir que estamos ante una obra maestra. Obra que enseña. Que refleja. Esta novela es espejo reflector de nuestras propias inquietudes que amplia y empuja, unas veces hacía atrás y otras adelante.
     Que el lector juzgue. No el lector que necesita un argumento lineal, un libro masticado. Sino el que es capaz de lanzarse a la vorágine del volcán literario que ofrece el autor.
     “Se acerca a ella con la mano extendida, como queriendo tocar el fuego. Yo pienso, está loco, terminará por quemarse. Pienso esto y bajo los ojos al suelo, buscando un camino. Hay deslizamientos del firme por doquier. La tierra tiembla y se abre aquí y allá. Se unen a nosotros otras dos mujeres asustadas. Veo la cuerda, y al fondo, en la profundidad del valle, la muchedumbre corriendo, despavorida. Amarrémonos, digo, así, si cae uno, los otros podrán ayudarle. Entonces, empapado en sudor, me despierto.”
     Eso es lo que hace Santiago Solano con sus personajes. Sacarlos y meterlos constantemente en el sueño, crearles recorridos más allá de la realidad y hacer que, dialécticamente, se enfrenten a ella, cada cual desde sus pensamientos y que creen una nueva: la única que merece la pena, la suya, la del autor. Santiago Solano no deja nunca que el mundo anegue la vida de sus caracteres. Él los ayuda. Ellos mismos se ayudan.
     La novela empieza con Romeo y Evelina, ellos son el comienzo, la obertura. Pero la novela continua con otros… y con nosotros. Con nosotros que somos siempre los que aparecemos reflejados en la continuidad de las páginas.
     Ese contar y recontar desde los asientos imaginarios de un autobús que es la realidad, y con asientos reales de un autobús imaginario, ese recrear continuo. Qué extraña habilidad… ¿de dónde le provendrá al autor? ¿Qué cultura alimenta la fuerza expansiva de la palabra, de la mente? Y todo con una prosa fluida, con una estructura impecable, con un estilo mágico y, a la vez, preciso y directo.
     De vez en cuando Santiago Solano baja a la abrupta sombra de la realidad, de su propia realidad cuando recuerda su historia o aspectos transformados de su pasado, a través de sus personajes:
     “Yo nací en una bocamina, el mismo día que un desprendimiento repentino de tierra, allá en las entrañas del mundo, sepultó a mi padre. Mi madre estaba ya cumplida. Fueron a buscarla a casa, a contarle lo del accidente. Ella salió corriendo, bajo la lluvia, y se fue al lugar de trabajo. Se sentó, empapada como estaba, en una silla de madera que le trajeron los compañeros de mi padre, arrebujada en una manta, a unos metros de la salida de la mina. Allí, mientras mi padre luchaba por sobrevivir, y mi madre enfrenta la incertidum­bre y los nervios de la espera, le vinieron los dolores del parto, rompió aguas, se remangó, y me soltó a este mundo. Caí en un charco de agua negra, al lado de un raíl de la vía….”
     Y de ahí, sin interrupción, pasa a un personaje:
     “Esa mujer de unos treinta y pocos años, la del micrófono en forma de lunar, en el labio, la del auricular subcutáneo incorporado en el oído, la mujer teléfono, podríamos decir, baja la mirada de la ventana del autobús y la deposita en una mancha gris del suelo. Parece muy triste.
     - No sé. Aparte de la soledad, en aquella escena había claros síntomas de destrucción. Un muro derruido a mi espalda. Las aceras llenas de vainas de proyectiles de gran calibre. Un carro de combate calcinado en medio de la calle, con el cañón retorcido. Y al fondo, los esqueletos de los edificios, como si un terremoto los hubiera zarandeado hasta desnudarlos…”
     De vez en vez, en el autobús, viajan seres extraños:
     "El hombre, sencillamente, es así: un cincuenta por ciento de agua y un cincuenta por ciento de hielo; nada de carne, ni sangre, sólo eso. Tú nunca has oído hablar de él, y es lógico, nunca ha salido en la televisión, ni en los periódicos, ni en la radio. El hombre es un ser recluido por la sociedad en la soledad más es­pantosa, la del olvido; es uno de esos seres sin espacio en los libros, nadie ha dado nunca no­ticia de él, no ha existido nunca. Y todo por­que es como es, distinto, así, sólo de agua y hielo. […] Dirás sí, todo esto está muy bien, pero un hombre mutado en agua e hielo es im­posible. Si existiera, no sería un hombre, sería otra cosa, una mutación, una bestia, algo fuera de lo normal. Yo te diré: ves, ahí está precisa­mente la soledad de este hombre. Nadie, ni tú mismo, le quieres, ni tu mismo lo puedes creer. De ahí el frío atenazando su corazón, su co­ra­zón de agua y hielo. Y no obstante, si te acer­cas un poquito a él, ese corazón late. Es­cucha. Late. Y te diré más, sangra. Eso sí, las gotas de dolor de su corazón son sólo de agua.”
     Demasiado extraños para ser verdad o demasiado verdaderos para que el examen de su descripción y su alma nos extrañe. El narrador va, omniscientemente, escurriéndose poco a poco por las páginas de libro. Escurriéndose y confundiéndose en sinergia con los personajes. De vez en cuando nos cuenta un recuerdo, un recuerdo inexistente transformado por su imaginación en memoria de lo inexplicable.
     Y luego el diario sigue. Vueltas y vueltas hasta el final. Personajes múltiples, un mosaico apasionante, y esa capacidad lúdica, de juego, de trasposición, de cambio constante. Eso es la historia, eso es lo que ustedes van, si quieren, a leer.
     Yo de ella no les voy a contar nada, no les voy a descubrir lo que ustedes van a conocer de primera mano en la lectura. Aunque les advierto que nadie puede llegar a conocer en la totalidad al autor. Porque hay muchos “yoes” detrás de él. Muchas encrucijadas personales y literarias. Es un autor que habla sólo con la pluma, con el teclado del ordenador, nada de estridencias y golpes de efecto públicos.
     Yo quiero colocarlo en su lugar. Un lugar firme y claro. Escritores como Santiago Solano Grande debieran dejar que el autobús de la comercialización de su obra, de la colocación en las ingratas estanterías del mercado, fuera conducido por quienes son capaces de llevar el libro más allá de las fronteras de la ignorancia. Si por mí fuera, este inmenso vuelo que es este libro llegaría hasta el último rincón del planeta. Desde un nombre escondido en medio de la llanura de una tierra mítica, Burujón, hasta las Bibliotecas que guardan, en todos los idiomas, las obras inmortales de la Literatura Universal.
     “Todos viajamos en el mismo autobús. Existimos y no existimos a la vez. Y cuando empezamos a conocernos, desaparecemos”

 
 
 



Título de la entrada: VUESTRA BITÁCORA             
Fecha de publicación: 23/01/2010            
Lugar de publicación: BLOGGER            


 


Queridos amigos.
Esta bitácora es vuestra. Es el cuaderno de notas de los que habéis leído este libro y queréis animar a otros a leerlo. Adelante, no tengáis miedo. Escribidme a este correo. Os espero.

Santiago Solano
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También podéis dejarme un comentario en esta misma entrada.
Es más, si alguno desea tener acceso para abrir un debate en torno a este libro, por si queréis ir diciendo lo que sentís con la lectura a medida que transcurra... Fácil: enviadme al correo de arriba vuestro correo electrónico y se os facilitará el acceso a la bitácora como usuario. Ya lo he dicho, es vuestra bitácora.
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Comentarios:

Chu. 24 de enero de 2010

     - ¡Enhorabuena, Santiago! Es un buen autobús para ir al país de la fantasía, me pido el asiento número 9. Un beso.


Emilio. 24 de enero de 2010

     - ¡Qué honor, Santiago, que hayas puesto mi prólogo como referencia para los amigos!...Realmente me sentí feliz escribiéndolo...porque me hiciste feliz leyéndote. Un abrazo.


Santiago Solano. 25 de enero de 2010

     - Estimada María Jesús. Gracias por estar tan atenta a todo lo que me concierne. Eso indica a las claras la cercanía y la amistad que, pese a la distancia, nos profesamos. Espero un comentario más amplio de tu lectura, por supuesto que subida en el autobús, y sentada en ese número 9 que desde ya está reservado sólo para ti. Un besazo.


Santiago Solano. 25 de enero de 2010

     - Emilio, el honor es mío; el tenerte ante todo como amigo, luego como prologista, luego como mentor, etc.


Alicia. 25 de enero de 2010

     - Santiago, estoy preparada para pasar de la fila cero del autobús a un asiento numerado. Presiento buenos compañeros de viaje. Creo que será de agradecer por si encontramos algún terreno más pedregoso y además para que nos ayuden a interpretar el paisaje que nos pueda resultar desconocido a lo largo del camino.Ya he metido en la mochila la agenda, el boli, la ilusión y quedo a la espera del libro para incorporarme al fascinante viaje. Gracias por invitarme al mismo. Un abrazo.


Santiago Solano. 25 de enero de 2010 20:21

     - Bueno, Alicia, sé bienvenida a este viaje alucinante. De momento el autobús va bien. Sube y siéntate a ventanilla o a pasillo, donde prefieras. Un saludo cordial.


Alejandro. 29 de enero de 2010

     - Querido Santiago, estoy seguro de que tu autobús se deslizará por caminos llanos, pero tortuosos, abiertos a historias interesantes, protagonizadas en escenarios naturales, bellos, llenos de colorido y acciones sorprendentes. El prólogo, como su autor, es de lujo, y el contenido hasta el punto final, seguro que también. Y no será sólo por aquello de: "Lo que bien empieza..." Mucha suerte, Santiago, y muchos abrazos.


Miguel. 31 de enero de 2010

     - Amigo Santiago: ¡Enhorabuena! Desde siempre te he animado a publicar. Por supuesto que compraré el libro y lo comentaré cuando pueda leerlo en papel. Paso demasiado tiempo frente al ordenador no obedeciendo al oftalmólogo. Tenemos muchos temas pendientes. Un abrazo.


Santiago Solano. 1 de febrero de 2010 00:00

     - Estimado Alejandro. Yo sólo espero que el libro cumpla con esas expectativas que sólo su título y las palabras del prologuistas han sido capaces de crear en vosotros.Un abrazo. Amigo.


Santiago Solano. 1 de febrero de 2010

     - Estimado Miguel. Gracias por esos ánimos para publicar, que son siempre bienvenidos; aunque tú sabes que, bueno, ciertas maneras de edición ya no me dicen nada, me deprimen más bien. No es este caso, desde luego, que me lo han pagado y muy bien por cierto. Sí éste libro va en la línea de lo que yo deseo: que el autor sea tratado con el respeto que como tal se merece... que tú y yo sabemos que no siempre es así. Es verdad que tenemos bastantes temas pendientes. La vida que nos lleva de acá para allá y nos deja sin aliento.Nos vemos, amigo. Yo te regalo mi libro, porque sé que lo sabrás apreciar... y tú, si te parece, me invitas a una cerveza. Pero sólo a una, como buen amigo que eres, que ya sabes que después de una copa me pongo muy pesado.Un abrazo.

 
 



Título de la entrada: MIS LECTORES             
Fecha de publicación: 08/02/2010            
Lugar de publicación: BLOGGER            


 

Comentarios:

Mila Aumente. 18 de febrero de 2010

     - Hola Santiago: Estoy viajando en EL AUTOBÚS 538, sentada en el asiento nº 27. Aún no sé cual es su destino, pero no importa, voy muy entretenída observando a personajes como Igaú, el hombre de hielo, Corazón de Fuego que busca eternamente. Él viaja en el asiento núm. 49, algo alejado de mí; sin embargo, no le pierdo de vista porque me interesa mucho su personalidad. Desde aquí, aunque a distancia, también observo a los hombres tintados de verde, esos personajes misteriosos e intrigantes que inducen a conocerles mejor, tal vez porque lo desconocido suele atraer como un imán. Viajo tan cómoda, tan llena de emociones, que lamento que el recorrido llegue a su fin. Hemos parado en la comisaría de Batán, para que la jueza Alicia Fernández del Amparo hiciera su trabajo. En el transcurso de este maravilloso viaje no ha faltado nuestra visita a Asturias, Burujón (Toledo) y Extremadura. En todas las estancias hemos vivído emociones intensas. Tanto es así, que invito a todo el mundo a iniciar este recorrido conociendo el interior de EL AUTOBÚS 538. En él descubrirán fantasías y realidades: un sueño viajero, sellado con el mejor recuerdo. Santiago, mil gracias por reservarme un asiento.


Emilio. 15 de marzo de 2010

     - Nada me alegra más que hayas vuelto por tus fueros... En un momento dado pensé que había que entrar en tu laberinto, en los distintos pasadizos literarios ofrecidos al lector y al compañero...y nos podíamos perder...Pero ya he hecho los distintos recorridos, y, una vez que se pasea por pasillos y estancias...se encuentra uno bién. Has creado un nuevo espléndido edificio...y, valga el simil del árbol, ese edificio-árbol tiene distintas ramas. Seguro que, poco a poco, iremos recuperando entre sus hojas incluso los vestigios del pasado. Que todo está ahí. Porque todo eres tú. Este puede parece ser un comentario literario, pero la realidad es que es un comentario de respuesta a la búsqueda. Porque, te voy a decir algo importante: a través de tu propia búsqueda, con un poco de paz, de sencillez, de inteligencia y la mejor voluntad, los demás podemos encontrar muchas cosas de nosotros mismos.

 
 



Título de la entrada: MIS LECTORES (1)             
Fecha de publicación: 18/02/2010             
Lugar de publicación: BLOGGER            





Comentarios:

Alicia. 19 de febrero de 2010

     - Santiago, mil gracias por la oportunidad. La gran oportunidad de realizar este viaje. Además en uno de los primeros asientos junto con compañeros a los que admiro como son Javier Ribas y Emilio Porta. Con mi amiga Mari Carmen, compañera de tantos otros viajes. Acaso a raiz de este viaje entenderé la complicidad que tienes con Elena. Y lo que creo que seguro que voy a conseguir es conocerte mucho mejor a ti. Gracias también por la oportunidad de podernos juntar los tres a tomar un cafecito con tan buena excusa. Un abrazo.


Mari Carmen Azcona. 13 de marzo de 2010

     - “Escribo desde el misterio y la imaginación, desde la ficción. Escribo desde este suspiro, desde este hilo del presente que me ata a la vida.” El autobús 538 de Santiago Solano. Santiago Solano es un autor distinto y diferenciado en el panorama literario y su obra es muy personal, no convencional. Quizás haya quién se pierda entre el misterio y la imaginación, pero puedo asegurar que todo el mundo encontrará un pasaje, un personaje, una reflexión que perdurará en su recuerdo. “El autobús 538” no dejará indiferente a nadie y demuestra la talla de escritor de su autor. No es una novela clásica, en la idea lineal de desarrollo, nudo y desenlace. El autor va más allá de esta concepción, nos amplia el espectro y nos ofrece un abanico de múltiples lecturas. Hay que acercarse a este libro con la mente abierta y disfrutar, paso a paso, de ella. Utilizando el símil del autobús iniciamos un viaje con diversos personajes. Algunos nos acompañan durante todo el trayecto, otros, en cambio, suben y descienden en distintas paradas del recorrido. Leer “El autobús 538” es disfrutar conociendo a su autor. Con cada página leída, la piel de Santiago Solano se va diluyendo y, poco a poco, haciéndose transparente nos permite introducirnos en el interior de su mente y su alma. Encontraremos profundas reflexiones sobre la vida, viajaremos por un mar de nostalgias y recuerdos, caminaremos por hermosas historias...Recomiendo leer cada tramo de la novela como si fuera una recopilación de relatos, porque la novela de Santiago Solano es una fusión de sueños, emociones, esperanzas...Como lo es la vida misma y demuestra el enorme talento y valor literario del autor.


Emilio. 14 de marzo de 2010

      - Chicas, da gusto ver cómo El Autobús 538 recorre el País Vasco. Os haceís fotos con el libro, comentais - y entendeis y valorais el contenido...- sin duda es un gran libro. Un magnífico libro. Vamos a ver si amplia el recorrido. El centro y el norte ya lo ocupa...a ver si llega lejos. Enhorabuena de nuevo, Santiago. Las chicas son guerreras. (Y una nota: no se si todo el mundo sabe que hay que pinchar en el libro para que aparezcan comentarios...eres un poco laberíntico, Santiago. Un abrazo)


 

DADETAREKIN. 10 de mayo de 2010
     - Me encanta la foto de Portugalete...

 
 



Título de la entrada: MIS LECTORES (2)             
Fecha de publicación: 24/03/2010             
Lugar de publicación: BLOGGER            


 


     Querido Santiago. Ya he leído tu libro y a mí me ha parecido muy original. Creo que hay como una mezcla interesante de espacios y tiempos. Al principio no entiendes qué ha pasado con los personajes que abandonas, pero las cosas no siempre son sencillas. No eres un escritor sencillo. Te gusta jugar con sistemas literarios, con estructuras, con tiempos y eso siempre es arriesgado. Te lo repito, me parece muy interesante. Me encantaría saber por qué lo haces así. Me gustaría preguntarte ¡tantas cosas! Eres y te siento como un retador. ¿Tú qué opinas? ¿Crees que son necesarios los retos? ¿Los juegos? Bueno, ya me contarás despacio porque me interesa mucho, en serio.


Soledad Serrano

 

 
 



Título de la entrada: MIS LECTORES (3)             
Fecha de publicación:05/04/2010             
Lugar de publicación: BLOGGER            


 


BUS-LIBRO

     Cuentos o relatos breves, como queráis, de temas diferentes y totalmente inconexos entre sí, se amontonaban en el ordenador empujándose los unos a los otros. Su autor no deseaba hacer con ellos una antología sino una novela, pero no encontraba el hilo conductor que los amalgamara, hasta que nació en su mollera una ingeniosa y original solución.
     Alquiló un autobús en la Estación Virtual de Autobuses y fue asignado a cada personaje de sus relatos un número de asiento, con lo que los hermanó como pasajeros de un autobús fantasmagórico en viaje a un pueblo llamado Burujón, que vaya usted a saber si existe.
     Los lectores pueden ahora leer el libro desde el principio o comenzar por el número de asiento que se les antoje. En ambos casos gozarán de un libro de amena lectura y hondo contenido, como nos tiene acostumbrado su autor, que como ya habréis adivinado se trata de nuestro común amigo Santiago Solano Grande, paladín de la Escritura en Red.
     Y como ya habéis estirado las piernas y repuesto fuerzas en este restaurante literario del camino:
     - Señores lectores vuelvan a ocupar sus asientos, el autobús va a reanudar la marcha.

Miguel Ortega Isla

 

 
 



Título de la entrada: MIS LECTORES (4)             
Fecha de publicación:  07/04/2010           
Lugar de publicación: BLOGGER            


 



 

 

 
 



Título de la entrada: MIS LECTORES (5)             
Fecha de publicación: 02/05/2010            
Lugar de publicación: BLOGGER            


 





 

 
 



Título de la entrada: DÍA DEL LIBRO EN BURUJÓN             
Fecha de publicación: 25/04/2010            
Lugar de publicación: BLOGGER            


1
Antonio Castillo
PRESENTA
EL AUTOBÚS 538
(made in Burujón)
de
Santiago Solano

Antonio Castillo y su esposa en Las Barrancas de Burujón
Antonio Castillo y su chica en Las Barrancas de Burujón


     Don Santiago Solano Grande, muy grande. ¡Qué gran escritor! Había quedado con él en que le presentaría hablando sobre su persona, y a ese objeto incluso le hice una pequeña entrevista. En principio parecía no ser muy necesaria pues nos conocemos hace ya unos años y consideraba yo que sabía bastante sobre él, pero la verdad es que sus confesiones me dejaron sorprendido, y luego aludiré al porqué.
     Mas lo siento, D. Santiago, pero, pese a lo acordado, voy a tratar sobre el libro principalmente, aún a sabiendas de que luego vas a hacer tú lo mismo, supongo que enfocándolo desde otro punto de vista. Y he optado por hablar de tu obra, de esta obra en concreto, porque no puede haber mejor tarjeta de visita que el proceder a desmenuzarla ligeramente.
     En algunas de nuestras charlas previas sobre el asunto que nos trae, no nos poníamos de acuerdo sobre el género de éste volumen. De entrada, novela, al menos en su concepto tradicional, no nos parecía su encuadre a ninguno de los dos, si acaso podía serlo desde un punto de vista vanguardista, o a estas alturas ya no tanto. Cómo colección de relatos sueltos tampoco podíamos definirla, pues hay unos nexos de unión entre todos ellos, bien sea como el retrato de una serie de viajeros de un espectral autobús, bien cómo el diario íntimo de su principal protagonista, que es el propio autor y narrador, y que, muy levemente enmascarado, nos relata su acontecer diario asomándose una y otra vez, de forma intermitente, al texto.
     Según el mismo creador, no únicamente a guisa del mencionado personaje narrador, en realidad él mismo, en persona, nos da cuenta de sus peripecias íntimas, sino que la mayoría, o todos, los personajes que aparecen son también retrato de su propio ego. Y además afirma que esto es así en la generalidad de los autores.
     Como escritor en ciernes, tengo que reconocer que siempre hay algo de uno mismo en los personajes que se describen, pero yo, sinceramente, no veía ningún parecido entre algunas de las figuras que aparecen en éste libro y el propio Santiago, aunque en otras, además de la del mismo narrador citado, si se hace evidente la relación.
     Pero, cuando para la creación de ciertas personalidades se está apoyando en terceras personas de los dos conocidas, no me cabía la interpretación de que también se tratara de la descripción de sus propias vivencias. Mas él me insistió y yo me forcé a entenderlo así, entonces se me aclararon las ideas. A partir de ese momento formulé otra teoría sobre el género que Santiago finalmente describe como un diario, en realidad el autobús 538, no es un diario, es una biografía intimista, no pormenorizada ni concreta, del propio creador. Por eso mismo, ¡qué mejor tarjeta de visita!
     Ahora voy a explicar, sin desvelar nada que no deba, aquello que me sorprendió en la entrevista personal que le hice. La vida de este hombre, al menos en lo que corresponde a sus etapas infantil y juvenil, es digna de compararse a la de los protagonistas de las novelas de Dickens. Durísima infancia con un aislamiento impuesto por las circunstancias y jalonada por genuinas peleas casi a muerte contra otros niños, y, en la mocedad, sacrificios extremos para poder costearse los estudios universitarios, desde trabajos como descargador de muelle, hasta el uso de un carnet de indigente para poder llevarse algo a la boca. En fin, una vida casi de leyenda, poblada de no pocas epopeyas e infinitas anécdotas, y no revelaré nada más, merecedora de ser publicada algún día como una biografía en toda regla.
     Sin embargo el autor, para esta ocasión, parece haber preferido relatarnos experiencias anímicas de su privado intelecto y no detalles reales de sus vivencias materiales, aunque también aparecen muchas de éstas. Por eso nos habla de las relaciones con sus padres a través de estampas muy específicas, recordando, en relación con su madre, sentimientos pasados durante una estancia en solitario en su casa solariega, o con su padre, en torno a unas excursiones por Asturias o en la habitación de un hospital.
     El libro, no nos engañemos, es difícil de leer. Su estructura no facilita demasiado el progreso de la trama, como tampoco lo consigue el irregular nexo de unión entre los diversos pasajes, pero es necesario empeñarnos en avanzar si queremos toparnos con páginas de sublime factura.
     Porque D. Santiago escribe muy bien cuando se esfuerza en alcanzar la perfección, pero cuando se olvida de éste noble afán, en algunas momentos de la obra, es cuando escribe como un auténtico maestro, sin parangón, porque entonces las palabras bajan desde lo más profundo de su alma sin pasar por el tamiz de la intelectualidad, plasmándose las ideas de forma diáfana, transparente, poderosa…
     Por poner un ejemplo, en cierta parte de la obra, nos describe el autor, durante la friolera de más de ocho páginas, en primera persona, en uno de esos pasajes en que el narrador relata sus vivencias a modo de diario, el desarrollo de un día concreto en la casa solariega de sus padres. Desde luego, en manos de un escritor del montón, esa descripción- narración ininterrumpida durante ocho páginas, podría llegar a ser un soberano tostón y más aún si trataba de mostrarse barroco en el lenguaje. Pues bien, el maestro que tengo a mi vera es capaz de mantener el clímax durante todo ese espacio sin el menor altibajo, sin que puedas apartarte del papel un instante, y cuando finalmente termina, tienes la sensación de que se ha quedado corto, que podía haberte tenido embelesado por otra media hora más sin el menor problema.
     Sólo un gran escritor es capaza de semejante proeza. Digo que esto lo consigue el Sr. Solano cuando se olvida de rebuscar en la técnica literaria, que tan bien domina, permitiendo que su espíritu se exprese sin ambages.
     En definitiva, quiero felicitar a los vecinos de este precioso pueblo en general y a su alcalde en particular por contar con este notable escritor entre ellos. Gracias a todos por el tiempo que les he robado.

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Palabras de Santiago Solano


     “El autobús 538, Made in burujón” es una novela clásica. Hay una voz narradora que cuenta en primera y tercera persona, indistintamente, y que evoluciona a medida que transcurre la línea del tiempo en el que se cuentan los hechos. Sí es una novela clásica: el narrador, cuando termina de contar, no es el mismo, se ha metamorfoseado en otro. Es también un diario, no unas memorias; y, llegados al caso, es, más que nada, la bitácora del conductor de un autobús imaginario, un autobús que podría ser la vida misma, que va de Madrid a Cáceres, a Asturias, a Almagro, a Ulea. En el Estado de Méjico, a México DF, a San Bartolomé de las Casas, a San Juan de Chamula, a Palenque, a Campeche. Y de vuelta a España, va y cae, llega, se queda y pasa por Burujón. Como su título indica se ha escrito gran parte de ella, precisamente en Burujón, en una sala que tiene una ventana que mira al camino de Nohalos. También parte de esta novela, unas sesenta páginas, transcurre en Burujón, en un Burujón transfigurado en trasunto literario, desde luego, en un Burujón que se llama Panaderías Flor de Burujón. Sí, ese otro pueblo, Panaderías Flor de Burujón, coexiste con el nuestro en un mundo paralelo al que se podía acceder, no ha mucho tiempo, desde las profundidades de Las Barrancas; y es un pueblo en el que sus habitantes comen un pan que les hace felices para siempre, un pueblo en el que los avetárbalus, unos seres extraordinarios que viven dos vidas - una animal, otra vegetal; o no, que todo es cuestión de elección -, deambulan por la calles como un ciudadano más.
     Bueno, que esta novela tiene mucho que ver con todos nosotros. Y tanto. Laura de Torres, mi cuñada Laura, en la novela es Zolía. Elena, mi mujer, en la novela es Catalina Nieto. Hay también un alcalde joven que ha resuelto para siempre el problema del hambre para todos los habitantes del pueblo, y un cura que se planta ante los hombres de verde, ante el mal, con un desparpajo que ya quisieran algunos. Pero no sólo eso. Igaú, el hombre de hielo, sale, desde un Burujón anclado en la oscura noche de los tiempos, desde la friolera de 12.000 años atrás; sale al mundo, a buscar a su amada. Se hace con un ejército invencible, conoce y utiliza la escama del Dragón de las Barrancas, se hace inmortal y llega a nuestros días de incógnito, como una gota de rocío sobre el parabrisas de este autobús mitad sueño, mitad realidad, mitad palabrería. Hay también otras historias de amor. La de la vendedora de cupones nacida en el pueblo, de nombre Evelina Varela y el profesor americano que padece cáncer y que está muy deprimido, la del policía Carlos Marzal y Jacinta Ramos, la mujer teléfono que conoce la incongruencia de despertarse cada día siendo otra persona. Historias de amor si no imposible, difíciles, todas ellas.
     Hay también muchas historias intermedias, que una bitácora, un día a día da para mucho. La historia del hombre de acero, la verdadera historia del oso de trapo que amaba a una diosa, la del hombre que iba por la calle con una bolsa de plástico en la cabeza, la de Lukre, la del quiosco, la María que chatea con Itza Maculay – cuidado con ésta que es peligrosa, siempre que lean este nombre santígüense porque… bueno, allá ustedes, advertidos quedan-. Chatea digo con esta bruja en un Starbucks Coffe cercano a la calle de Sevilla, en Madrid. También la de Arturo Fernández que vive en una casa muy especial: libros, libros, libros, una casa toda llena de libro, una casa en la que sólo hay sitio para los libros. Un poeta, de nombre sospechosamente famoso, llamado César Vallejo que es adivino y algo más. Hay tantas historias pequeñas que, tengo que admitirlo, puede llegar a despistar un poco. Puede que al final quede la sensación como de una serie de historias cortas unidas por esa hipótesis de hilo conductor que es el autobús. Al menos eso opina Miguel Ortega Isla.
     Sí, la novela salta de una cosa a otra sin aparente orden ni concierto, lo que desconcierta. Las más de las veces hay dos historias que se cuentan en paralelo, a la vez, a trozos, insertados unos en otros. No sé si el desconcierto es un valor. La vida desde luego es desconcertante, y la vivimos. Digamos que la novela imita a la vida, pero no a la manera de entender la vida de los clásicos, que la vida para quien escribe esto no es un nacer, crecer, reproducirse y morir. Que sí, pero desde el día a día, la vida es más bien una serie de páginas sueltas llamadas días unidas por una memoria a largo plazo, aliñada con otra a corto plazo, que cada vez falla más. Así, la novela es, aparentemente, una secuencia de acontecimientos dispersos que sólo tienen su consistencia como novela en esa voz narradora que juega. Sí, para colmo, la voz narradora juega al juego de las verdades y de las mentiras, a esconder su propio yo en otro yo. Cuenta cosas creíbles, pero también cosas increíbles, cosas que están en otra realidad de sueño, que son sus sueños y los de sus personajes. Así, la supuesta realidad y la supuesta ficción se dan la mano para crear otra supuesta supra realidad llamada “El autobús 538”.
     Bueno, y ahora, si me lo permiten, les leeré unos fragmentos. Sólo por entretener, que la novela, a mí no me cabe duda de ello, es entretenida.

 

 

 
 



Título de la entrada: EL AUTOBÚS 538 EN MÓSTOLES             
Fecha de publicación: 18/05/2010            
Lugar de publicación: BLOGGER            


 

538 MÓSTOLES

Quién es quién:

De izquierda a derecha: Emilio Porta, Santiago Solano, Carolina Marchante y Alejandro Pérez.



 

 

La presentación del autor
la realizó Alejandro Pérez.

     Mi agradecimiento, por su introducción, a doña Carolina Marchante, responsable del Área de Promoción del Libro y Animación a la Lectura, a la Biblioteca y al Ayuntamiento de Móstoles por cedernos esta sala esplendorosa, que, para muchos de los presentes, es como nuestra casa. También agradezco a ESCRITORES EN RED, ASOCIACIÓN MARQUÉS DE BRADOÍN, que haya confiado en mi para presentar a este gran escritor, Santiago Solano Grande.
      He presentado a Santiago en varias ocasiones. Cada vez le conozco mejor, pero cada año cuesta más trabajo hablar de él, porque cada día es más, más pensador, más profundo, más sabio y más innovador y vanguardista. Santiago Solano ha apostado siempre por las nuevas tecnologías en favor de la literatura. Como experto Webmáster, es administrador de las páginas cibernéticas de varias entidades culturales. Pero el proyecto que más le apasiona es ESCRITORES EN RED, ASOCIACIÓN MARQUES DE BRADOMIN, de la que es, además de socio fundador, Director General. Escritores en Red es una Asociación sin ánimo de lucro, que acoge a escritores consagrados y noveles, con el fin de promocionar, a través de internet, sus trabajos. De no ser por él, por Santiago, moriría mucha Literatura en la oscuridad del anonimato. Nunca se lo agradeceremos bastante.
     Lo dicho sólo es un detalle que define a nuestro personaje de hoy como un divulgador cultural, generoso e incansable. Y ya, a partir de ahora, sólo voy a hablar de Santiago Solano Grande como escritor. Tampoco mucho, porque el tiempo es limitado y su autobús, EL AUTOBÚS 538, no puede esperar.
     La Literatura de Santiago Solano Grande es única, como él: original en lo que hace y singular en lo que es. Su poesía está llena de figuras narrativas, y en su prosa habitan con placer bellos paisajes de horizontes poéticos. Toda su obra es sugerente y será recordada por cuantos quieran aprender leyendo y se atrevan a buscar historias, situaciones y comportamientos más allá de lo escrito. Todos sus libros (ocho publicados y otros tantos inéditos) son el producto de una línea de experimentación formal. Es exigente con el lector. También lo es consigo mismo. Y eso se agradece, porque en su creatividad pone todo lo que es, sus fuerzas y su constancia, para decir lo que quiere como lo quiere decir. Esa lucha forma parte de su camino como escritor, de su evolución creadora y, sobre todo, de su evolución como ser humano. Esto es así porque a Santiago Solano sólo le interesa escribir. Ese es su único objetivo. Con esa dedicación, con ese esfuerzo, ha merecido firmar una obra que se distingue por la calidad de su estilo, por su estructura empírica y por la profundidad de su contenido, cimentado en un pensamiento serio y reflexivo.
     Para acercarnos un poco más al escritor Santiago Solano, diré que su obra es variada y, siendo joven aún, abundante. Ha publicado dos novelas: Destino final (1995) y Lienzo del pasado (2001); dos libros de relatos: Flor de acebos y otros cuentos (2004) y Tratado de belleza moribunda (2008) y tres poemarios: Muleta y viento (1996), Olía a traición y soledad (1998) y La sombra de la casa (2002). A esta fructífera colección se une la novela que hoy presentamos: EL AUTOBÚS 538 – Made in Burujón.
     Toda la obra de Santiago, además de en papel, está expuesta en la Red. Incluso el primer capítulo de La isla del tesoro invisible, que es la segunda parte de este volumen que hoy nos ocupa, también está en internet. A todo ello podéis llegar desde http://www.erabradomin.org.
     El Autobús 538 es una novela clásica pero innovadora. El autor rompe con la mezcla de prosa y poesía a la que nos tenía acostumbrados. Pero no por ello nos priva de la belleza de su arte. No. Aquí utiliza una prosa fluida, fresca, que entra en el lector inmediatamente. La novela está ordenada en capítulos cortos, fascinantes y de contenidos muy distintos. Como siempre hace, muestra su capacidad para manejar con maestría todas las suertes del género. El Autobús 538 no se detiene, atrapa al lector y no le suelta; hace su trayecto imaginario cargando y descargando historias y escenarios, personajes y situaciones. En él viaja lo más tangible de la verdad y de la vida, de las fantasías oníricas y del más allá. Así, en las paradas de este bus conducido por Santiago Solano sube y baja la crudeza de la mina o la investigación de un crimen, los hombres de verde, que convierten en morada la vida de sus próximos, o el hombre de hielo, que respira, suda y va con gabardina. En ese no parar el lector viajará por Madrid, por Cáceres, por Asturias, por Toledo... y se conmoverá con todos los sentimientos que alegran y afligen al ser humano: la nostalgia, el amor, la desesperanza...

     Pero claro, qué voy a decir yo de Santiago y de su libro. ¡Somos amigos! Por eso conviene que se conozcan opiniones de otros escritores lectores que han leído la novela:


“Leer “El autobús 538” es disfrutar conociendo a su autor. Con cada página leída, la piel de Santiago Solano se va diluyendo y, poco a poco, (...) nos permite introducirnos en su mente y su alma”. (Mari Carmen Azcona)
“He Viajado en “El Autobús 538” con personajes como Igaú. También he observado a los hombres tintados de verde, misteriosos e intrigantes. En todas las estancias hemos vivido emociones intensas”. (Mila Aumente)
“Cuentos o relatos breves, de temas diferentes. Su autor no deseaba hacer una antología sino una novela, (...). Nació en su mollera una ingeniosa y original solución: alquiló un autobús en la estación virtual...”. (Miguel Ortega Isla)

“Me ha parecido muy original. Hay como una mezcla interesante de espacios y tiempos. El autor es y le siento como un retador”. (Soledad Serrano)

 

     Y dicho todo esto, ya me callo, porque aquí viene el 538, El Autobús 538, que todos debemos coger, leer y disfrutar, conducido por este hidalgo de las letras, ¡SANTIAGO SOLANO GRANDE! Muchas gracias a todos.

 


Las palabras del autor de la novela





     Este libro, que bien puede llamarse novela, es el resultado final de un período de escritura realizado directamente en La Red, en ese entorno digital que la mayoría confunde con Internet. Es también el albor que llevaría, poco después, a la Novela Interactiva, BLOGSFERATOUR, de la que esta tarde no toca hablar, sólo citarla. Es también, como muchos otros de mis libros, uno más en la idea central que mueve gran parte de mi producción literaria: se puede hacer una literatura de nivel en La Red.
     Empecé a escribir EL AUTOBÚS 538 en mayo de 2008. Abrí para ello una bitácora con dirección "solanogrande.wordpress.com" que todavía existe, ahora bajo el título DESDE LA CALLE PAZ, entonces bajo la bandera de EL AUTOBÚS, sólo el autobús, que lo de EL AUTOBÚS 538 vendría más tarde, a finales de septiembre o principios de octubre de ese mismo año de 2008.
     Abrí la bitácora en Red y me lancé a la aventura. Sí, a la aventura. Se trataba de escribir todos los días - sí, sí, todos los días - durante nueve meses, sin guión previo, a lo que saliese. Se trataba de dar rienda suelta a la imaginación, de dejarse llevar, de practicar la escritura creativa, de permitir que el mar interior se desbordara sobre el papel, bueno en este caso sobre ese gran folio en blanco que es una bitácora electrónica.
     Pronto comprendí que no era tarea fácil. Créanme, no es nada fácil. Y más cuando uno le añade a esta premisa una pequeña dificultad más: escribir todos los días algo en el entorno de lo literario.
     Esto del entorno de lo literario tiene su intríngulis, su propio peso específico. Esto de lo literario es lo que le hace polvo a uno, lo que va poco a poco minándole a uno la moral, lo que le va robando tiempo, y tiempo, cada vez más tiempo, hasta que el tiempo se hace pequeño y no cabe uno dentro de él. Esto de lo literario es como lo de buscar la perfección, cosa de locos. Sí, escribir un texto literario todos los días es como enfrentarse a la inmensidad del cosmos. Y ahí uno está perdido. Y más cuando a uno la vida lo lleva y lo trae de acá para allá. Y más todavía cuando la vida le roba a uno los segundos de tranquilidad que necesita para reflexionar; no sé, para tomarse un café con los amigos, por ejemplo. Todo se confabula en contra; tanto que llega uno a pensar que no hay tiempo para escribir, que la vida es así, que no hace falta escribirla, que con vivirla ya es suficiente.
     Ese fue el problema más grande. Son muchas las circunstancias que lo llevan a uno a la derrota. La esposa que interrumpe justo cuando has cogido el hilo de lo que quieres contar, la llamada de teléfono que te informa que papá está en el hospital, que le ha dado un infarto y que está más allá, que aquí; las vacaciones, el sol cargado de calor, la piscina, los viajes, el choque brutal de las culturas del otro lado del mundo.
     Yo no pude terminar la misión. Nunca llegué a los nueve meses. Me rendí mucho antes. Y todo porque yo ya no era yo, ese yo que eligió la tortura de escribir todos los días. Yo ya no necesitaba demostrarme nada. Yo ya sabía que era escritor. Este reto me había cambiado. Y no sólo a mí, había cambiado también a la voz narradora. Sí, la voz narradora tampoco era ella, desde dentro claro, que desde afuera las cosas son distintas.
     Vale. Pues la puerta del dejarse llevar estaba cerrada para siempre. Había un mar informe de recuerdos vividos, un mar de historias inventadas, meros formularios para cumplir con el reto. Y había también un mar biográfico que inundaba de forma caprichosa la realidad inventada y la ficción con tintes de realidad. Todo según su especie. Todo ahí, en unos ficheros en formato PDF: diario, memorias de la infancia, de la juventud y madurez, notas de ayer por la mañana, del anteayer; y textos poéticos relacionados con episodios tristes de los días que iba viviendo, textos malhadados.
     Luego vino lo de la subvención. Y con ello lo de los plazos de entrega.
     Tenía que entregar el libro antes de. ¡Ay, Dios, qué angustias! Yo, que había prometido a mis lectores un trabajo de artesano. Yo, verme en aquella situación. Jamás había utilizado, sin piedad, mis conocimientos filológicos tantas horas seguidas. Esto sí que era un trabajo, un trabajo terrible, salirse de uno mismo para verse desde el otro; bueno, no sólo para verse, también para descubrirse a uno como un pobre infeliz, como un ser humano de lo más simple, un pobre ser humano que apenas sabe decir quién es. Por eso pedí ayuda a mis amigos. A Emilio Porta, hoy aquí con nosotros y prologuista de este libro - gracias Emilio por tu ayuda -, le envié el texto resultante de la segunda lectura. Un texto ya podado. A Mari Carmen Azcona, otra compañera de ESCRITORES EN RED, le pedí que me revisara el aspecto ortográfico y estilístico. Ambos me enviaron montones de sugerencias, de anotaciones. Con todas estas anotaciones hice una tercera lectura, una tercera poda, una tercera selección. Y, finalmente, una cuarta, y una quinta; todo esto ya más allá de los límites del compañerismo, en la solitaria huerta de las decisiones personales. Finalmente, ya en el borde del abismo del tiempo, a diez días de la fecha última de entrega el editor, dos lecturas más, buscando la incongruencia, el error.
     Ya no podía más, de verdad. Cuando uno le da muchas vueltas a una cosa termina por quedarse ciego. Sólo la distancia del tiempo es buena con uno y le da perspectiva para el análisis. Y eso era justo lo que no tenía: tiempo. Bueno, me lié la manta a la cabeza y dije: así, ya no puedo más. Seguro que ahora volvería a las andadas de las correcciones, porque la perfección no existe, y cada texto es hijo de su tiempo; y éste, como todos, es hijo del suyo.
     Luego, los amigos verdaderos, los que leen y le dicen a uno la verdad, su verdad que no es acaso la nuestra, cuando el libro se ha impreso ya, te cuentan que este último libro es lo mejor que han leído, estilísticamente hablando, un paso de gigante, pero que las erratas, cosa de las prisas, sin duda, lo afean un poco: hay algunas metástasis de letras que se hubieran podido evitar, incluso alguna incongruencia de concordancia entre adjetivo y substantivo, etc. Lástima, uno va tras los pasos de la calidad, y va y lo estropea.
     O sea, que estamos otra vez ante la misma puerta, ante un intento más o menos conseguido de hacer literatura, que es lo que llevo haciendo toda mi vida. Sí un intento más por alcanzar la cumbre de lo clásico, objetivo creo que de todo escritor que se precie. Pero son ustedes y no yo quienes ahora tienen la palabra. Ustedes son los que, a fin de cuentas, se han de enfrentar a este libro. Yo, como autor, sólo deseo que algunas líneas les toquen el corazón, que alguna historia les conmueva, que algún personaje se quede para siempre con ustedes, en lo más hondo de su alma. Esa es mi apuesta, no otra.

Comentarios:

Jesús Arroyo. 21 de mayo de 2010

     - En pocas presentaciones lo he pasado así de bien.

Emilio Porta. 21 de mayo de 2010

     - Y eso que improvisamos un pokito (con k)...al final...Pero fue una gran tarde, ordenada y caótica a la vez, que resultó entrañable y literariamente impecable. Primero con la presentación de Alejandro, luego con la presentación y juegos del propio Santiago, más tarde con ese Port que se "lió" a irse por las ramas, je, je...y el coloquio, que también fue estupendo. Sí, Jesús, lo pasamos muy bien...lo que demuestra que la Literatura y la vida van unidas y, además, no tienen por qué ser aburridas. Hubo algo mágico y muy simpático, a la vez que profundo - el libro - en esta parada del Autobús 538.

Alicia Uriarte. 5 de junio de 2010

     - Santiago, sinceramente creo que este "Autobús 538" todavía está calentando motores. Le queda un recorrido muy amplio y una gran diversidad de viajeros. Cada uno de ellos experimentará emociones o sensaciones diferentes ya que es un viaje por la vida, y de eso se trata tu libro, de vivir.
      Santiago, la vida puede ser descrita como un viaje en autobús: repleto de paradas, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos embarques, y profundas tristezas en otros.
      Me alegra seguir en la distancia parte del recorrido de esta gran aventura.
      Un abrazo.

 
 



Título de la entrada: EL AUTOBÚS 538 EN LA AEAE         
Fecha de publicación:01/07/2010         
Lugar de publicación: BLOGGER 
           


Presentación de "El autobus 538"     1ª PARTE    2ª PARTE    3ª PARTE

 

Comentarios:

Emilio Porta. 3 de junio de 2010

     - Fue un excelente acto, televisado en diferido a todo el mundo, con la ventaja de que cada uno puede, ademas, inferir, si se lee esta excelente novela, este libro, el Autobus 538, muchas más cosas. Quiero resaltar la magnifica introducción y coordinación del acto por parte de Don José López Martinez, escritor, Director General de la AEAE, académico de Bellas Artes de Toledo, quizás el mayor erudito actual sobre Cervantes y su obra magna, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Y lo quiero hacer porque su presencia y su palabra fueron el catalizador y el gran regulador del ámbito en que nos movimos, nuestra centenaria y universal Asociación de Escritores y Artistas Españoles, de la que soy actualmente Vicesecretario, que, como Santiago, en su magnifica intervención expuso, fue un marco especial. Sentirse acompañado, en espiritu, de varios premios Nobel de Literatura que pertenecieron (alguno fue Presidente ) a esta Asociación, es, sin duda, algo que no se produce todos los días. El espiritu de Benavente, Aleixandre, Juan Ramón, Cela...estaba allí, en los cuadros y fotos que los representan. Pero, sobre todo, en la palabra de Santiago, estaba su palabra y la de su primer Presidente. Sí, fue un acto especial para presentar una gran obra. Una obra que, con seguridad, llegará a forma parte de la Literatura española más reconocida. Al tiempo. Esperemos que el autor lo vea y no ocurra como en tantos casos ha sucedido - cité a Kafka, Pessoa, Kavafis...- en los que la duda de si ellos saben adonde han llegado es razonable.

Severino Alvarez. 4 de junio de 2010

     - Puedo dar fe de la bondad del acto, porque estuve entre los asistentes, y de la bondad de la obra. porque, desde que anteayer cayó en mis manos, no me he podido despegar de sus páginas. Un gran libro, con infinitud de derivaciones, caminos literarios adyacentes, un gran recorrido en el autobús que circula por la mente del autor y al que agradezco, como lector, haberme podido subir.

Alicia Uriarte. 5 de junio de 2010

     - Santiago, es un placer ver cómo, parada tras parada, vamos conociendo más a las personas que desde el principio te ayudaron a fletar este viaje. Ni que decir tiene que el “Autobús 538” también nos ha permitido conocer tus raíces y tus ramas. Tienes un tronco fuerte. Arraigado a todas las tierras por donde viajaste y dejando huella por los nuevos territorios de esta aventura que, día a día, nos abre nuevos caminos a todos los que nos quisimos sentar en uno de los asientos. Gracias por permitirnos seguir esta aventura con esas imágenes que valen tanto como las palabras. Me ha gustado mucho verte flanqueado por tus amigos en estas dos últimas paradas. Te deseo buena hoja de ruta para los sucesivos embarques y desembarques. Creo que uno de los misterios de este viaje, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos, mucho menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el asiento de al lado. Un abrazo.

Mari Carmen Azcona. 5 de junio de 2010

     - Gracias Santiago por llevarnos de viaje en este maravilloso autobús y no dejarnos en tierra. Fantásticas crónicas que me han permitido sentir que también estuve allí. Jamás siento las distancias que nos separan excepto en estas ocasiones. Ahora incluso has conseguido que sean un poco más pequeñas. Me he recreado en vuestras palabras, has dotado de vida a mis imágenes estáticas...Buen trabajo. Besos y abrazos.

ALEJANDRO. 7 de junio de 2010

     - Querido Santiago: Reitero mi felicitación por enésima vez por ese AUTOBÚS 538, al que auguro un viaje largo y lleno de venturas. Suscribo lo que ya te han dicho y lo que ha escrito en el comentario anterior nuestro amigo Emilio. Mis palabras no tienen tanta música, ni llegan tan lejos como tu 538, pero son mías. Las dije con orgullo el día que te presenté en Móstoles. Hoy te repito algunas de aquellas líneas con el mismo sentimiento sincero y emoción. Después de leer tu novela he vuelto a convencerme que cada día eres más, más pensador, más profundo, más sabio y más innovador y vanguardista. Tu Literatura es única, como tú: original en lo que haces y singular en lo que eres. Tu poesía está llena de figuras narrativas, y en tu prosa habitan con placer bellos paisajes de horizontes poéticos. El Autobús 538 es una novela clásica pero innovadora. Has roto con la mezcla de prosa y poesía a la que nos tenías acostumbrados. Pero no por ello nos privas de la belleza de tu arte. No. Aquí utilizas una prosa fluida, fresca, que entra en el lector inmediatamente. (...). Como siempre, has mostrado tu capacidad para manejar con maestría todas las suertes del género. Enhorabuena otra vez.

 

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